Una de las cosas más fascinantes y complejas de la adolescencia es que los jóvenes no tienen una sola forma de ser. Como adultos, suele parecernos que “cambian de humor” o “reaccionan sin sentido”, pero la neurociencia y la experiencia clínica nos muestran algo más profundo: los adolescentes tienen múltiples “partes internas”, igual que los adultos.
Existe una parte impulsiva, reactiva, confrontativa y a veces poco amable. También existe una parte madura, reflexiva, cariñosa, responsable y protectora de sí misma. Ambas son reales, ambas conviven dentro del joven, y ambas están en pleno desarrollo.
La parte que vemos depende de la parte que invitamos
Cuando un adulto le habla a un adolescente, no está hablando con “todo el joven”, sino con una parte interna específica.
La clave es comprender que la parte que aparecerá depende mucho del tono, la energía y la intención del adulto.
Si respondemos desde la crítica, la humillación o el enojo, estamos hablándole a la parte más impulsiva, que por naturaleza contestará a la defensiva.
Si hablamos desde la calma, la claridad, la empatía y la firmeza emocional, invitamos a la parte más madura y reflexiva a salir al frente.
Ese es el poder de la regulación del adulto: nuestro estado interno modela y regula el estado interno del adolescente.
Un ejemplo cotidiano
Imagina que escuchas a tu hijo adolescente hablando por teléfono, muy enojado, y diciendo cosas hirientes sobre ti. Es muy natural sentirse lastimado.
Aquí hay dos caminos:
Camino 1: Hablarle a la parte impulsiva.
“No vuelvas a hablarme así.”
Es probable que esa parte responda con más defensividad, más confrontación y más distancia.
Camino 2: Hablarle a la parte madura.
“Escuché lo que estabas conversando con tu amigo y no se sintió bien para mí. Si quieres hablar de eso, podemos hacerlo.”
Esta frase abre una puerta. Habla a la parte del joven que sí quiere reparar, que sí sabe respetar, que sí desea conexión.
Los adolescentes sí quieren relacionarse. Sí quieren ser entendidos. Sí quieren reparar. Pero a veces necesitan que primero les hablemos a la parte de ellos que aún está aprendiendo a aparecer.
Propuestas de esperanza
- Habla desde la calma, no desde la humillación o el coraje.
- Nombra lo que viste o escuchaste sin atacar su carácter.
- Abre las puertas del diálogo en lugar de activar castigos inmediatos.
- Muestra vulnerabilidad: decir “eso me dolió” humaniza la conversación.
- Recuerda que la regulación del adulto regula al adolescente.
- Confía en que hay una parte madura dentro de cada joven, esperando ser invitada a salir.
Cierre con esperanza
La adolescencia es un momento de formación emocional profunda. Como adultos, tenemos la oportunidad de modelar algo distinto: conversaciones que no se basan en la reactividad, sino en la conexión.
Cuando invitamos a la mejor parte de nuestros hijos a aparecer, también estamos invitando a la mejor parte de nosotros mismos.
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📩 Contacto profesional:
Ana Mariela Rivera, LICSW
Terapeuta Clínica | Consultora en Salud Mental | Conferencista | Divulgadora de salud mental y bienestar comunitario
https://www.psychologytoday.com/us/therapists/ana-mariella-rivera-saint-paul-mn/1225880
📍 Sesiones presenciales y virtuales – 241 Cleveland Ave S, Suite B4, Saint Paul, MN 55105
Por Ana Mariella Rivera, LICSW
Terapeuta clínica, consultora en salud mental y dibulgadora
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