Muchas personas me preguntan en mi práctica cómo eliminar los pensamientos negativos o los sentimientos dolorosos, esas emociones que solemos catalogar como “malas” o “incómodas”.
Y siempre soy honesta: eso es imposible.
Tener pensamientos negativos, sentir tristeza, ansiedad o miedo, no es una falla personal. Es parte de ser humano. La mente se agita, se nubla, se llena de preocupaciones, y eso es completamente natural. Nuestra mente está diseñada para producir pensamientos de forma constante, y muchos de ellos tienen una función: protegernos de riesgos, incluso de aquellos que solo existen en nuestra imaginación.
El problema surge cuando esa protección se vuelve automática y exagerada, y terminamos atrapados en lo que se conoce como un bucle de pensamiento negativo —una cadena de ideas repetitivas que amplifican la angustia y distorsionan la percepción de la realidad.
Lo que sí podemos hacer
No se trata de eliminar los pensamientos, sino de cambiar la relación que tenemos con ellos.
Pelear con los pensamientos negativos solo los hace más fuertes. En cambio, aprender a observarlos sin identificarnos con ellos puede transformar nuestra experiencia interna.
La psicología contemporánea, especialmente la Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT), ha demostrado que tomar distancia de los pensamientos, lo que se conoce como defusión cognitiva, ayuda a reducir su impacto emocional. Además, estudios en neurociencia, como los del Dr. Matthew Lieberman, muestran que ponerle nombre a lo que sentimos activa regiones del cerebro relacionadas con el control emocional y disminuye la reactividad de la amígdala.
En otras palabras: nombrar pensamientos y emociones, en lugar de reprimirlos, nos ayuda a regularnos y a recuperar calma.
Si decimos “esto es preocupación” o “esto es tristeza”, estamos reconociendo lo que pasa dentro de nosotros sin juzgarnos, y ese pequeño acto de conciencia reduce su intensidad.
🌱 Propuestas de esperanza
✨ Obsérvalos como nubes. Cuando surja un pensamiento negativo, imagina que pasa por el cielo de tu mente. No necesitas seguirlo, solo observarlo hasta que se disuelva.
✨ Ponles nombre. Decir “esto es preocupación” o “esto es miedo” ayuda a tu cerebro a procesarlo. Nombrar lo que sentimos y pensamos disminuye la carga emocional y crea distancia psicológica.
✨ Distracción consciente. Escuchar música, moverte, llamar a alguien o salir a caminar interrumpe el bucle mental y devuelve al cuerpo una sensación de control.
✨ Regresa al presente. Usa tus sentidos: nota tres cosas que ves, dos que oyes y una que tocas. Esta práctica simple reactiva los circuitos de calma y atención plena.
✨ Recuerda: tus pensamientos no son tu identidad ni la realidad. Son solo una parte de la experiencia humana. Tú eliges cuánto tiempo se quedan.
💫 Cierre
No hay magia, pero sí práctica.
Cada vez que eliges no engancharte con los pensamientos negativos, fortaleces tu bienestar emocional y tu resiliencia mental.
Y con el tiempo, ese pequeño gesto de consciencia se convierte en una de las herramientas más poderosas para cuidar tu salud mental.
📩 Contacto profesional:
Ana Mariela Rivera, LICSW
Terapeuta Clínica | Consultora en Salud Mental | Conferencista | Divulgadora de salud mental y bienestar comunitario
https://www.psychologytoday.com/us/therapists/ana-mariella-rivera-saint-paul-mn/1225880
📍 Sesiones presenciales y virtuales – 241 Cleveland Ave S, Suite B4, Saint Paul, MN 55105
Por Ana Mariella Rivera, LICSW
Terapeuta clínica, consultora en salud mental y dibulgadora
Aviso Importante
La información compartida en estas cápsulas de salud mental refleja las ideas del autor y enfoques personales para promover el bienestar y la salud mental, y no representan necesariamente el punto de vista de esta estación, su administración o afiliados. Estas cápsulas tienen como único propósito proporcionar ideas útiles e informativas de carácter general. No constituyen un reemplazo para el tratamiento profesional, la terapia o el asesoramiento especializado.
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